El anillo de hematites es una joya que tiene peso, tanto literal como figuradamente. Su brillo negro metálico, como un espejo de acero en un cabujón engastado en plata, tiene una presencia inmediata en el dedo. Y el peso característico del hematites refuerza esta sensación de anclaje: uno siente su anillo, sabe que está ahí, y es exactamente el recordatorio que necesita. Los romanos usaban sellos de hematites como símbolo de fuerza y determinación, y esa energía de acción se encuentra intacta en cada anillo hoy en día. Es una joya para quienes quieren dejar de dar vueltas y empezar a avanzar.
En gemoterapia, el anillo de hematites en el dedo acompaña cada gesto con una energía de anclaje, voluntad y paso a la acción. Siendo las manos la extensión directa de la voluntad, el hematites en el dedo da fuerza y determinación a cada movimiento, cada apretón de manos, cada decisión. Es el anillo de aquellos que procrastinan y quieren acabar con eso, de aquellos que viven en su cabeza y necesitan volver a su cuerpo, de aquellos que carecen de voluntad y quieren lo concreto. El hematites trabaja sobre el chakra raíz con una energía densa y directa que no deja lugar a la ambigüedad. El anillo de hematites combina bien con el ojo de tigre (confianza y protección), la turmalina negra (doble anclaje) o el jaspe rojo (resistencia). Para un equilibrio entre fuerza y suavidad, apilar un anillo de hematites con un anillo de cuarzo rosa atempera la intensidad con ternura. Para su mantenimiento, quítese el anillo antes de lavarse las manos con jabón, esta es la regla innegociable. El hematites no soporta el agua. Límpielo con un paño suave y recárguelo sobre un cúmulo de cuarzo o a la luz de la luna.