La pulsera de ámbar es una joya que se reconoce inmediatamente por su calidez. Mientras que las piedras minerales son frías al tacto, el ámbar es tibio en cuanto se posa sobre la piel, y esta sensación de calor no es solo una impresión: el ámbar es una resina orgánica, no un mineral, y su conductividad térmica es muy diferente de la de un cuarzo o una labradorita. Es este calor inmediato lo que crea un vínculo tan especial con quien lo lleva. Llevada en la muñeca, la pulsera de ámbar permanece en contacto permanente con la piel y liberaría pequeñas cantidades de ácido succínico, una sustancia conocida en la tradición por sus propiedades calmantes y antiinflamatorias.
En litoterapia, la pulsera de ámbar está particularmente recomendada para acompañar dolores articulares en manos y muñecas, tensiones musculares y fatiga general. Es una joya de calidez y consuelo, que purifica las energías negativas y devuelve la vitalidad. El ámbar trabaja sobre el chakra del plexo solar y aporta una energía solar suave, reconfortante, como un rayo de sol capturado en la resina. El ámbar combina bien con el cuarzo rosa (suavidad), la amatista (calma) o el cristal de roca (amplificación). Para el mantenimiento, no usar agua caliente, jabón ni perfume directamente sobre las cuentas. Límpiala con un paño suave y recárgala bajo el sol suave. Retírala antes de ducharte y hacer deporte para proteger esta resina tierna (dureza de 2 a 2,5 en la escala de Mohs).