El anillo de jade es una joya cargada de significado desde hace milenios. Los eruditos chinos llevaban un anillo de jade en el pulgar como símbolo de sabiduría y estatus social. Los emperadores sellaban sus decretos con anillos de sello de jade. En la tradición asiática, llevar jade en el dedo es afirmar el propio valor interior con elegancia y discreción. Sobre un cabujón engastado en plata, el verde profundo y sedoso del jade cobra todo su esplendor: esta superficie pulida, ligeramente untuosa, capta la luz con una suavidad que las piedras cristalinas no reproducen. Es una joya que tiene presencia sin ser ostentosa, exactamente como la energía que difunde.
En litoterapia, llevar un anillo de jade en el dedo es particularmente pertinente: las manos son importantes puntos de intercambio energético, y el jade acompaña cada gesto con su energía de armonía, sabiduría y prosperidad. Es el anillo que se lleva para una negociación importante, una entrevista decisiva o simplemente para cultivar la justeza en las elecciones diarias. El jade actúa sobre el chakra del corazón y ayuda a tomar decisiones lúcidas, guiadas por la inteligencia del corazón más que por la impulsividad. El jade combina bien con la amatista (sabiduría reforzada), el cuarzo rosa (suavidad y apertura) o la citrina (abundancia y optimismo). Para el mantenimiento, retire el anillo antes de lavarse las manos con jabón. Basta con un enjuague con agua limpia y una recarga a la luz de la luna. Con su legendaria tenacidad y una dureza de 6 a 7 en la escala de Mohs, el jade es una de las piedras más resistentes al uso diario.