El anillo de selenita es una joya rara y delicada. Su blanco nacarado, luminoso, casi irreal sobre un cabujón engastado en plata, confiere a la mano una elegancia depurada que ninguna otra piedra puede reproducir. La selenita posee esa luz interior, suave y satinada, que fascina desde la primera mirada. En la litoterapia, llevar un anillo de selenita en el dedo permite mantener esa energía de purificación y claridad en cada gesto del día.
La selenita trabaja sobre el chakra coronal y el tercer ojo, clarifica los pensamientos, disipa las energías pesadas y ayuda a mantenerse en un estado de calma lúcida. Es una piedra que se lleva cuando se necesita tomar distancia o mantener la mente clara en una situación compleja.
La selenita combina muy bien con la amatista (calma profunda), la piedra lunar (intuición) o el cristal de roca (amplificación).
Apilar un anillo de selenita con un anillo de amatista es un dúo de claridad y serenidad muy potente. Para el cuidado, la regla es simple y no negociable: no agua. Retire su anillo antes de lavarse las manos, ducharse o fregar los platos. La selenita es un yeso cristalizado que se disuelve al contacto con la humedad. Purifíquela mediante sahumerio con salvia blanca y recárguela a la luz de la luna.