Las joyas de calcedonia irradian suavidad. Este azul lechoso, translúcido y delicado, tiene algo fundamentalmente relajante, como un cielo invernal velado por la niebla. La calcedonia es una forma de cuarzo microcristalino, prima del ágata y la cornalina, pero con una identidad propia. Su característico azul proviene de la difusión de la luz en su estructura fibrosa, de forma similar a cómo se crea el azul del cielo por la dispersión de Rayleigh. Su nombre proviene de Calcedonia, una antigua ciudad griega a orillas del Bósforo, y se ha utilizado en joyería desde la Antigua Roma. Los grabadores de camafeos la apreciaban por su textura homogénea y su facilidad de talla.
En la litoterapia, la calcedonia azul es una piedra de comunicación suave, serenidad y escucha. Actúa sobre el chakra de la garganta con una energía mucho más tierna que la sodalita o el lapislázuli. Mientras que estas piedras ayudan a afirmar la palabra, la calcedonia ayuda a escuchar antes de hablar, a elegir las palabras con benevolencia y a comunicarse sin agresividad. Es la piedra de la diplomacia, del diálogo sereno, de la palabra justa. Se recomienda a las personas que se enfadan fácilmente, a los mediadores, a los padres que buscan comunicarse mejor con sus hijos y a todos aquellos que desean cultivar una expresión más serena.
La calcedonia combina maravillosamente con la sodalita (comunicación reforzada), el cuarzo rosa (suavidad emocional) o la amatista (calma mental). Para su mantenimiento, un enjuague con agua clara y una recarga a la luz lunar una o dos veces al mes son suficientes. Con una dureza de 6,5 a 7 en la escala de Mohs, es una piedra resistente y fácil de usar a diario.