Las joyas de cristal de roca son un elemento esencial en la litoterapia. Si solo pudieras tener una piedra, sería esta. El cristal de roca es un cuarzo puro, transparente y sin ninguna coloración: es la forma más lograda del dióxido de silicio, el mismo mineral que da origen a la amatista, el cuarzo rosa o la citrina según las impurezas que contenga. Su transparencia perfecta ha fascinado a la humanidad desde siempre. Los antiguos griegos pensaban que era hielo eterno petrificado por los dioses (la palabra krystallos significa "hielo"), los chamanes de todas las culturas lo utilizaban como herramienta de adivinación, y los relojeros suizos lo explotaron durante siglos por la precisión de sus oscilaciones.
En litoterapia, el cristal de roca es la piedra de amplificación universal. No tiene una virtud específica: las tiene todas, o más bien amplifica la energía de todo lo que le rodea. Colocado junto a una amatista, refuerza la calma. Asociado a un ojo de tigre, multiplica la protección. Llevado solo, clarifica los pensamientos, purifica el aura y armoniza todos los chakras. Es la navaja suiza de la litoterapia, el compañero de todas las demás piedras. Trabaja sobre el chakra coronal pero actúa sobre todos los centros energéticos sin distinción.
El cristal de roca se asocia literalmente con todas las piedras, esa es su fuerza. Para su mantenimiento, un enjuague con agua limpia y una recarga al sol o a la luz lunar son suficientes. Es una piedra fácil de mantener con una dureza de 7 en la escala de Mohs. Y la guinda del pastel: el cristal de roca puede purificar y recargar tus otras piedras simplemente colocándolas encima o al lado.