Las joyas de ojo de tigre son clásicos de la litoterapia, y con razón. Esta piedra con reflejos dorados y marrones que ondulan bajo la luz tiene un efecto inmediato: inspira fuerza y confianza. Este fenómeno óptico se llama chatoyance, y es lo que le da al ojo de tigre ese brillo vivo, casi animal, que cambia con cada movimiento. Geológicamente, es un cuarzo que contiene fibras de crocidolita oxidadas que crean estas bandas doradas características.
Los guerreros romanos la usaban como amuleto antes de las batallas para infundir coraje, y siglos después, sigue siendo una de las piedras protectoras más populares del mundo.
En litoterapia, el ojo de tigre es una piedra de enraizamiento, confianza en uno mismo y protección. Actúa sobre el chakra del plexo solar (3er chakra) y funciona como un espejo energético que devuelve las energías negativas a su origen. Es la piedra que se recomienda para afrontar una situación estresante, hablar en público, protegerse de un entorno tóxico o simplemente recuperar la seguridad en el día a día.
El ojo de tigre combina muy bien con la pirita (determinación y abundancia), la cornalina (creatividad y vitalidad) o el jaspe rojo (enraizamiento profundo). Para el mantenimiento, basta con un enjuague con agua clara y una recarga al sol durante unas horas o sobre un cúmulo de cuarzo una o dos veces al mes. A diferencia de la amatista, el ojo de tigre adora el sol.