Las joyas de piedra lunar tienen un encanto especial. Esta piedra lechosa con reflejos nacarados —blancos, azulados, a veces iridiscentes— juega con la luz de una manera muy suave, casi hipnotizante. Este fenómeno óptico se llama adularescencia, y es lo que le da a cada joya ese brillo lunar tan particular. Piedra femenina por excelencia, la piedra lunar ha sido siempre asociada con los ciclos, la intuición y la dulzura interior. En la India, se considera sagrada y se ofrece como regalo de boda para favorecer la armonía de la pareja.
En la litoterapia, la piedra lunar trabaja principalmente en el chakra sacro y el chakra del tercer ojo. Es conocida por acompañar a las mujeres en sus ciclos hormonales, favorecer la intuición, suavizar las emociones excesivas y desarrollar la sensibilidad. Pero también es una piedra muy adecuada para los hombres que buscan reconectar con su parte de dulzura y creatividad.
La piedra lunar combina magníficamente con la labradorita (protección e intuición), la amatista (calma profunda) o el cuarzo rosa (apertura del corazón). Para su mantenimiento, un enjuague con agua limpia y una recarga a la luz de la luna —lógico para esta piedra— una o dos veces al mes son suficientes.