Las joyas de shungit ocupan un lugar especial en el universo de las piedras naturales. Este negro profundo, mate y aterciopelado, le da un aspecto sobrio y mineral que agrada tanto por su estética como por las propiedades que se le atribuyen. La shungit es una roca carbonácea de dos mil millones de años de antigüedad, encontrada casi exclusivamente en la región de Carelia, en Rusia, alrededor del lago Onega y del pueblo de Shunga, de donde toma su nombre. Lo que la hace única en el mundo mineral es que contiene fullerenos, moléculas de carbono en forma de esfera hueca descubiertas en 1985, un descubrimiento que valió el Premio Nobel de Química en 1996. La shungit es uno de los pocos minerales naturales que contienen estas fascinantes estructuras moleculares.
En litoterapia, la shungit es conocida principalmente como piedra de purificación y protección contra las ondas electromagnéticas. Es la piedra que más a menudo se ve colocada junto a ordenadores, routers de internet y teléfonos. Hay que ser honestos: los estudios científicos sobre el efecto de blindaje de la shungit aún son limitados, pero su capacidad para absorber ciertos contaminantes en el agua está documentada (se utiliza en estaciones de purificación de agua en Rusia desde hace décadas). Además de la cuestión de las ondas, la shungit trabaja sobre el chakra raíz y proporciona un enraizamiento profundo, una purificación energética global y una sensación de protección densa y envolvente.
La shungit combina bien con la turmalina negra (doble protección), el cuarzo cristal (purificación y amplificación) o la amatista (calma). Para el mantenimiento, la shungit es fácil de cuidar: un enjuague con agua clara y una recarga al sol o sobre un grupo de cuarzo son suficientes. Con una dureza de 3,5 a 4 en la escala de Mohs, es más blanda que el cuarzo y requiere un poco de atención ante los golpes. Atención también: la shungit puede dejar manchas negras al principio, es normal, un enjuague inicial resuelve el problema.