Las joyas de sodalita atraen por su azul profundo veteado de blanco, un azul mate e íntimo que no se parece a ninguna otra piedra. Más discreto que el lapislázuli, más cálido que el ágata azul, el azul de la sodalita tiene un carácter propio que gana en profundidad con la luz. Su nombre proviene del sodio que contiene en abundancia, y se encuentra principalmente en Brasil, Canadá y Namibia. Es una piedra que durante mucho tiempo estuvo a la sombra del lapislázuli, pero que se ha ganado su propio lugar gracias a sus propiedades únicas en la litoterapia.
En litoterapia, la sodalita es la piedra de la comunicación y la claridad mental. Trabaja sobre el chakra de la garganta (5º chakra) y el tercer ojo (6º chakra), ayudando a encontrar las palabras justas, a estructurar los pensamientos y a expresarse con seguridad. Es una piedra que se recomienda a las personas tímidas, a los artistas en busca de inspiración, a los estudiantes en periodo de exámenes o a cualquiera que se sienta bloqueado en su expresión. También calma las emociones excesivas y favorece la toma de perspectiva.
La sodalita se asocia naturalmente con el lapislázuli (expresión reforzada), la amatista (calma y claridad) o el cristal de roca (amplificación). Para el mantenimiento, basta con un enjuague con agua clara y una recarga a la luz lunar una o dos veces al mes. Con una dureza de 5,5 a 6 en la escala de Mohs, solo requiere un poco de atención frente a los golpes.