La pulsera de jade es probablemente la joya de piedra natural más usada en el mundo. En China, Vietnam, Birmania, Taiwán, millones de personas la usan a diario desde hace generaciones. La pulsera de jade se transmite de madre a hija, la pulsera de cuentas acompaña a los estudiantes en los exámenes y a los empresarios en sus negociaciones. No es una joya de moda, es una joya de vida. Y cuando se usa por primera vez, se entiende rápidamente por qué: ese verde profundo y sedoso, ese peso tranquilizador en la muñeca, ese tacto ligeramente graso que da la impresión de que la piedra está viva. El jade tiene algo fundamentalmente arraigado y noble que inspira confianza.
En la litoterapia, la pulsera de jade es conocida por atraer la prosperidad, la armonía y la sabiduría. Llevada en la muñeca, acompaña cada gesto, cada apretón de manos, cada decisión del día con una energía de equilibrio y lucidez. El jade trabaja sobre el chakra del corazón y ayuda a tomar las decisiones correctas con calma, a atraer oportunidades y a superar las dificultades con serenidad. Es una piedra que no hace ruido pero que trabaja en profundidad. El jade combina bien con la amatista (sabiduría espiritual), el cuarzo rosa (dulzura) o el citrino (abundancia reforzada). Para su mantenimiento, un enjuague con agua limpia y una recarga con luz lunar o sol suave son suficientes. Con una tenacidad excepcional y una dureza de 6 a 7 en la escala de Mohs, el jade es casi irrompible. Es la pulsera que nunca se quita.