La crisocola en bruto es uno de los minerales más hermosos de contemplar en su forma natural. Esta mezcla de azul profundo, verde turquesa, marrón terroso y, a veces, toques de malaquita verde o azurita azul crea en cada pieza un cuadro de colores que ningún artista podría reproducir. En su forma bruta, la crisocola también revela texturas fascinantes: superficies botrioidales (en forma de racimos), costras fibrosas, zonas translúcidas mezcladas con zonas opacas. Es un silicato de cobre que se encuentra en las zonas de oxidación de los yacimientos de cobre, a menudo en compañía de la malaquita, la azurita y la turquesa. Esta cohabitación mineral da lugar a espectaculares piezas multicolores que a veces se denominan "crisocola-malaquita" o "crisocola-azurita".
En litoterapia, la crisocola en bruto se considera la forma más directa de esta piedra de comunicación y sabiduría femenina. Colocada en un espacio vital, suaviza la atmósfera y favorece los intercambios sinceros y benevolentes. En una consulta de terapeuta o mediador, ayuda a las personas a verbalizar lo que sienten con precisión y dulzura. Sostenida en la mano durante una meditación, abre simultáneamente el chakra de la garganta y el chakra del corazón, creando un puente entre lo que se siente y lo que se expresa. Es una piedra especialmente recomendada en círculos de diálogo y espacios de sanación donde la comunicación emocional es el centro del trabajo. La tradición la apoda la "piedra de las mujeres sabias" por su capacidad para acompañar las transiciones femeninas con gracia y profundidad.
Para su mantenimiento, la crisocola en bruto es delicada. No agua, no sal, no productos químicos. Límpiela con un paño suave y seco o mediante sahumerio con salvia blanca y recárguela a la luz de la luna. Con una dureza de 2 a 4 en la escala de Mohs, colóquela en un lugar estable y guárdela separada de piedras más duras. Los trozos de crisocola silicificada son más resistentes si busca una pieza más fácil de mantener.