El jade en bruto es el jade en su forma más pura. Antes del pulido, antes del tallado, antes del engaste, existe este trozo de roca ligeramente rugoso al tacto por fuera, pero que revela un verde profundo y sedoso en cuanto se le corta o se le moja. Esta dualidad entre el exterior tosco y el interior noble es lo que ha fascinado durante milenios. Los escultores chinos pasaban meses, a veces años, trabajando un solo bloque de jade en bruto para crear una figurilla, un disco ritual bi o un recipiente ceremonial. Consideraban que el jade en bruto ya contenía la obra final, y su trabajo consistía simplemente en revelarla. Es una filosofía que resuena con muchos amantes de las piedras hoy en día.
En litoterapia, el jade en bruto es particularmente valorado por su energía de armonía, sabiduría y prosperidad en su forma más directa. Colocado en una habitación, difunde una energía de equilibrio suave y constante que armoniza la atmósfera. En un escritorio, acompaña las decisiones con lucidez y calma. Sostenido en la mano durante una meditación, ayuda a conectar con una sabiduría interior profunda y a cultivar la paciencia. En la tradición del feng shui, un jade en bruto colocado en el sector sureste de una habitación (el sector de la riqueza) es conocido por atraer la prosperidad y la abundancia al hogar.
Para su mantenimiento, el jade en bruto es una de las piedras más fáciles de cuidar. Basta con un enjuague con agua limpia y una recarga a la luz de la luna o al sol suave. Su excepcional tenacidad lo hace casi indestructible; puedes manipularlo, moverlo, sostenerlo en la mano sin precauciones especiales.