La malaquita en bruto es un verdadero espectáculo natural. Cuando se corta o se observa su superficie, se descubren esas bandas concéntricas verdes —desde el verde esmeralda hasta el verde casi negro— que se dibujan capa tras capa, formadas por milenios de depósitos de cobre. En su forma bruta, sin pulir, la malaquita también revela una textura áspera y terrosa que tiene mucho carácter.
En litoterapia, muchos practicantes prefieren utilizarla en esta forma: se cree que la estructura natural intacta favorece una absorción de las energías negativas aún más eficaz que la versión pulida.
Colocada en una sala de estar, la malaquita en bruto purifica la atmósfera y acompaña los períodos de cambio. En una oficina, ayuda a mantener las ideas claras y a tomar perspectiva.
Sostenida en la mano durante una meditación, trabaja sobre el chakra del corazón y facilita la liberación emocional. Un punto esencial para el mantenimiento: la malaquita no tolera la sal, el agua salada ni los productos químicos. Límpiela únicamente con agua limpia o mediante fumigación con salvia blanca. Recárguela sobre un cúmulo de cristal de roca o con luz lunar.