La piedra de lava bruta es un trozo de volcán para tener en casa. Este negro mate, poroso, cribado de cráteres y burbujas petrificadas, tiene un aspecto bruto y primordial que impacta de inmediato. Es basalto, lava fundida que se ha enfriado en segundos al contacto con el aire o el agua, atrapando en su estructura burbujas de gas que crean esa textura tan característica. Sostener una piedra de lava bruta en la mano es sostener un fragmento de la energía más potente de la tierra, la que viene del núcleo, que atraviesa el manto y que brota a la superficie en un acto de creación tan violento como fértil. Porque la lava destruye, pero también fertiliza: los suelos volcánicos se encuentran entre los más ricos del mundo.
En litoterapia, la piedra de lava bruta es valorada por su energía de enraizamiento profundo, de fuerza interior y de transformación. Colocada en un espacio vital, aporta una potente energía telúrica que estabiliza y enraíza. Sobre un escritorio, proporciona determinación y solidez para llevar los proyectos a buen término. En la entrada de la casa, ancla la energía del hogar. Sostenida en la mano durante una meditación, conecta directamente con el chakra raíz y el núcleo de la tierra. La piedra de lava bruta también sirve como un excelente difusor de aceites esenciales para el hogar: deposite unas gotas sobre la superficie porosa y la piedra las liberará lentamente en la habitación, una alternativa natural a los difusores eléctricos.
Para su mantenimiento, basta con un enjuague con agua limpia. Déjela secar al aire libre, ya que la porosidad retiene el agua. Recárguela al sol o sobre un cúmulo de cuarzo. La piedra de lava bruta es sólida y resistente, se manipula sin ninguna precaución particular.