El zafiro en bruto es un objeto fascinante, muy diferente del zafiro tallado que vemos en joyería. En su forma natural, el cristal de corindón a menudo se presenta en prismas hexagonales o en formas tabulares, con una superficie rugosa, a veces terrosa, que esconde un azul profundo en su interior. Es esta dualidad entre el exterior rudo y el azul real que se revela al mojar la piedra o al exponerla a la luz lo que hace que el zafiro en bruto sea tan cautivador. Los mineros de Ceilán (Sri Lanka), Birmania y Madagascar viven este descubrimiento en cada extracción, cuando una piedra común resulta ser un corindón azul. Sostener un zafiro en bruto en la mano es sostener la materia prima de una de las piedras más nobles en la historia de la humanidad, antes de que el hombre dejara su huella en ella.
En litoterapia, el zafiro en bruto se considera particularmente potente porque su estructura cristalina intacta difundiría una energía de sabiduría, verdad y claridad más directa y profunda que la versión tallada. Colocado en un escritorio, acompaña la reflexión, la concentración y la toma de decisiones con una lucidez notable. En meditación, sostenido en la mano o colocado en la frente a la altura del tercer ojo, ayuda a acceder a niveles más altos de intuición y comprensión. También es una piedra de colección excepcional cuyo valor no deja de aumentar con el tiempo, especialmente para las piezas de un azul intenso y bien cristalizadas.
Para el mantenimiento, el zafiro en bruto es una de las piedras más fáciles de cuidar que existen. Un enjuague con agua clara y una recarga a la luz lunar o al sol son suficientes. Con una dureza de 9 en la escala de Mohs, es casi indestructible. Puede manipularlo, transportarlo, sostenerlo en la mano sin ninguna precaución particular.