La piedra bruta de selenita es sin duda una de las piedras más hermosas para colocar en un interior. Este blanco nacarado, luminoso, casi translúcido, capta la menor luz y la difunde con una suavidad que calma inmediatamente la atmósfera. Bastones, torres, trozos brutos: cada forma tiene su encanto, pero todas comparten esa luminosidad característica que le dio su nombre a la piedra, en homenaje a Selene, diosa griega de la luna.
En litoterapia, la selenita bruta es una referencia absoluta en materia de purificación. Colocada en una habitación, limpia las energías estancadas y eleva la vibración del espacio. Por eso se encuentra en prácticamente todas las consultas de terapeutas y espacios de meditación.
Pero la selenita tiene otra ventaja importante: es conocida por purificar y recargar otras piedras a su contacto.
Un bastón o una placa de selenita colocada junto a sus joyas o piedras es suficiente para limpiarlas energéticamente. Ya no necesita rituales complicados, la selenita hace el trabajo sola. Para el mantenimiento, la regla es simple: nada de agua, nunca. La selenita es un yeso cristalizado que se disuelve al contacto con la humedad. Límpiela con un paño suave si es necesario y recárguela a la luz de la luna.