La espinela en bruto es un tesoro geológico que fascina tanto a coleccionistas como a practicantes de litoterapia. En su forma natural, la espinela cristaliza en octaedros perfectos, estas dobles pirámides de ocho caras con una regularidad matemática que la naturaleza produce sin ninguna intervención humana. Es uno de los cristales más satisfactorios de observar en estado bruto, con sus aristas netas y sus caras lisas que captan la luz con un brillo notable. El rojo profundo, el negro brillante, el rosa luminoso o el azul intenso de la espinela en bruto tienen una vivacidad de color que impresiona incluso sin pulir. Es la misma gema que los reyes llevaban creyendo poseer rubíes, y cuando se tiene un octaedro de espinela roja en bruto en la mano, se entiende la confusión.
En litoterapia, la espinela en bruto se considera la forma más potente de esta piedra de renacimiento. La estructura cristalina intacta, con su geometría octaédrica perfecta, difundiría una energía de vitalidad, regeneración y renovación más directa e intensa que la versión pulida. La espinela roja en bruto revitaliza en profundidad y despierta la llama interior a través del chakra raíz. La espinela negra en bruto ancla y protege con una potencia densa. La espinela rosa en bruto abre el chakra del corazón con una alegría luminosa. Colocada en un espacio de vida o de trabajo, la espinela en bruto aporta la energía de quien se levanta y sigue adelante. Es la piedra de quienes renacen.
Para el mantenimiento, un enjuague con agua limpia y una recarga al sol o a la luz lunar son suficientes. Con una dureza de 8 en la escala de Mohs, la espinela en bruto es una piedra muy resistente que se manipula sin precauciones particulares. Sus octaedros naturales son sólidos y no temen los golpes normales.