El anillo de cornalina es una joya con historia. Los arquitectos y constructores romanos llevaban un anillo de cornalina porque creían que les daba valor y determinación para llevar a cabo grandes proyectos. Napoleón trajo de Egipto un sello octogonal de cornalina que siempre llevaba consigo. Este naranja intenso, luminoso y translúcido en un cabujón engastado en plata, tiene un brillo cálido y vivo que atrae la mirada sin ostentación. Es una joya con carácter, llevada por quienes hacen y crean.
En litoterapia, el anillo de cornalina en el dedo es particularmente relevante. Las manos son la extensión directa de la creatividad y la acción, y la cornalina acompaña cada gesto con su energía de vitalidad, coraje y paso a la acción. Es el anillo que se usa para escribir, pintar, negociar, construir. La cornalina trabaja sobre el chakra sacro y da el impulso necesario para transformar las ideas en realidad. Se recomienda para creativos, emprendedores, artesanos y todos aquellos que necesitan que sus manos sean impulsadas por una energía de fuego constructivo. La cornalina combina bien con el ojo de tigre (confianza y protección), el citrino (optimismo y abundancia) o el cristal de roca (amplificación). Para su cuidado, retírese el anillo antes de lavarse las manos con jabón. Un enjuague con agua limpia y una recarga al sol son suficientes. Con una dureza de 6,5 a 7 en la escala de Mohs, la cornalina resiste bien el día a día.