La sortija de lapislázuli es una joya de poder y verdad en el dedo. Su profundo azul real, salpicado de destellos dorados de pirita, en un cabujón engastado en plata, tiene una presencia inmediata que se impone sin ostentación. Es el mismo azul que los faraones llevaban en sus anillos para sellar sus decretos, que los obispos lucían como símbolo de verdad divina y que los joyeros del Renacimiento tallaban para los anillos de los príncipes. El lapislázuli en el dedo son 6.000 años de sabiduría y poder concentrados en un cabujón. Cada piedra es un pequeño cielo nocturno estrellado de oro, único e irremplazable.
En litoterapia, la sortija de lapislázuli en el dedo acompaña cada gesto con una energía de sabiduría, verdad y discernimiento. Siendo las manos puntos de intercambio energético importantes, el lapislázuli en el dedo infunde cada interacción con una profundidad de pensamiento y una justeza de palabra. Es la sortija de quienes toman decisiones importantes, que enseñan, que dirigen, que buscan encarnar su verdad en cada acto. El lapislázuli trabaja en el chakra del tercer ojo y en el chakra de la garganta, combinando visión clara y expresión justa. Se recomienda a personas que necesitan discernimiento, autoridad benévola y palabra verdadera. El lapislázuli combina bien con la amatista (sabiduría espiritual), la sodalita (claridad de expresión) o el cristal de roca (amplificación). Para su mantenimiento, quítese la sortija antes de lavarse las manos con jabón. El lapislázuli no soporta la sal, ni los ácidos, ni los productos químicos. Límpielo con agua clara y recárguelo a la luz lunar. Con una dureza de 5 a 6 en la escala de Mohs, protéjalo de golpes y arañazos.