El anillo de rodocrosita es una joya de una belleza conmovedora en el dedo. Su intenso color rosa, surcado por bandas concéntricas blancas sobre un cabujón engastado en plata, crea un patrón único que se asemeja a una rosa en miniatura vista en corte. Cada anillo es diferente, cada piedra tiene sus propias bandas, y eso es lo que hace que la rodocrosita sea tan preciosa y entrañable. Es una joya con alma, usada por quienes saben que la verdadera belleza incluye las cicatrices. La rodocrosita es la piedra nacional de Argentina, apodada la Rosa del Inca, nacida según la leyenda de la sangre petrificada de los soberanos incas, transformada por su amor eterno.
En gemoterapia, el anillo de rodocrosita en el dedo acompaña cada gesto con una energía de amor propio, ternura y sanación profunda. Siendo las manos la extensión directa del corazón en nuestras acciones, la rodocrosita en el dedo infunde cada contacto con una dulzura reparadora. Es el anillo que se lleva cuando se aprende a tratarse con la misma amabilidad que se ofrece a los demás, cuando se reconstruye la autoestima ladrillo a ladrillo, cuando se aceptan las imperfecciones como parte de la propia belleza. La rodocrosita trabaja sobre el chakra del corazón y el chakra del plexo solar, conectando amor y confianza. La rodocrosita combina bien con el cuarzo rosa (dulzura y amor incondicional), la rodonita (sanación relacional) o la amatista (soltar). Para su mantenimiento, quítese el anillo antes de lavarse las manos con jabón. La rodocrosita no tolera la sal ni los productos químicos. Límpiela con un paño suave ligeramente húmedo y recárguela a la luz de la luna. Con una dureza de 3,5 a 4 en la escala de Mohs, protéjala de golpes y arañazos.