El anillo de turquesa es una joya icónica. Es probablemente el anillo de piedra natural más reconocible del mundo: este verde azulado engarzado en plata se ha convertido en un clásico universal, desde los anillos de sello nativos americanos Navajo y Zuni hasta las creaciones bohemias contemporáneas. La turquesa en un anillo tiene un resultado espectacular porque el cabujón realza perfectamente el color y la matriz de la piedra, convirtiendo cada veta marrón o negra en un elemento de diseño natural. Los orfebres Navajo han dominado este arte durante generaciones, y su estilo ha influido en la joyería de todo el mundo. Llevar un anillo de turquesa es llevar un pedazo de la historia de la joyería.
En gemoterapia, el anillo de turquesa en el dedo acompaña cada gesto con su energía de protección, comunicación y autenticidad. Siendo las manos puntos principales de intercambio energético, la turquesa en el dedo protege en cada apretón de manos, cada contacto, cada interacción. Es una piedra que ayuda a establecer límites con benevolencia y a mantenerse fiel a uno mismo en los intercambios cotidianos. La turquesa combina bien con el lapislázuli (sabiduría y verdad), la cornalina (vitalidad y creatividad) o el cristal de roca (amplificación). Para el mantenimiento, quítese el anillo antes de lavarse las manos con jabón, es la regla más importante. La turquesa es porosa y absorbe los productos químicos. Límpiela con un paño suave y seco y recárguela a la luz de la luna. Con una dureza de 5 a 6 en la escala de Mohs, protéjala de golpes directos.