El anillo de variscita es una joya de pura dulzura en el dedo. Su verde tierno y sedoso, en un cabujón engastado en plata, tiene un brillo tranquilo y luminoso que apacigua con solo mirarlo. Es un verde que no se parece a ninguna otra piedra: más suave que la aventurina, más tierno que el jade, más calmado que el crisopraso. Un verde que no pide nada, que simplemente ofrece su serenidad. La variscita es un fosfato de aluminio trabajado en joyas desde hace más de 6.000 años por los pueblos prehistóricos de la península ibérica, lo que la convierte en una de las piedras ornamentales más antiguas de Europa.
En litoterapia, el anillo de variscita en el dedo acompaña cada gesto con una energía de profunda serenidad, dulzura y calma interior. Siendo las manos la prolongación directa de la acción y el contacto, la variscita en el dedo infunde cada interacción con una ternura que apacigua sin palabras. Es el anillo que se lleva cuando el mundo es demasiado ruidoso, cuando las emociones son demasiado intensas, cuando se necesita dulzura sin complicaciones. La variscita trabaja sobre el chakra del corazón con una energía de una ternura tan natural que casi se olvida, y es precisamente cuando se olvida que mejor hace su trabajo. Se recomienda a personas hipersensibles, a personas ansiosas, a personas en duelo y a aquellos que necesitan la piedra más suave que existe en litoterapia. La variscita combina bien con el cuarzo rosa (dulzura reforzada), la amatista (calma y sabiduría), la howlita (calma mental) o el cristal de roca (amplificación). Para el mantenimiento, quítese el anillo antes de lavarse las manos con jabón. No sal, no productos químicos. Límpielo con un paño suave ligeramente húmedo y recárguelo a la luz de la luna. Con una dureza de 3,5 a 5 en la escala de Mohs, protéjalo de golpes y arañazos.