Las joyas de dioptasa lucen uno de los verdes más intensos del mundo mineral. Este verde esmeralda profundo, saturado y de una vivacidad casi irreal, engañó durante mucho tiempo a los buscadores que la confundían con esmeralda. Es un silicato de cobre hidratado cuyo color proviene precisamente del cobre, como su prima la malaquita. Pero mientras la malaquita es opaca y bandeada, la dioptasa es translúcida y cristalina, con un brillo vítreo que capta la luz de forma espectacular. Descubierta en el siglo XVIII en Kazajistán por un minero convencido de haber encontrado un yacimiento de esmeraldas, fue identificada como un nuevo mineral en 1797 por el mineralogista francés René-Just Haüy. Su nombre proviene del griego dia (a través) y optazein (ver), porque se pueden ver los planos de clivaje a través del cristal transparente.
En litoterapia, la dioptasa es una piedra de perdón profundo, liberación emocional y compasión. Trabaja sobre el chakra del corazón con una potencia notable. Es una piedra que busca las heridas más antiguas, a menudo aquellas que hemos olvidado conscientemente pero que el corazón aún lleva, y ayuda a liberarlas a través del perdón. No un perdón de fachada, sino un perdón celular, aquel que libera realmente y permite volver a amar sin miedo. Se recomienda a personas que arrastran dolores emocionales muy antiguos, traumas relacionales profundos o que sienten que su corazón está bloqueado a pesar de años de trabajo personal.
La dioptasa combina maravillosamente con el cuarzo rosa (dulzura y amor incondicional), la malaquita (transformación) o el cristal de roca (amplificación). Para el mantenimiento, cuidado: la dioptasa es una piedra delicada con una dureza de 5 en la escala de Mohs. Como contiene cobre, no debe exponerse a la sal ni al agua prolongada. Límpiala con un paño suave y seco o mediante sahumerio con salvia blanca y recárgala con la luz lunar.