Las joyas de epidota tienen un verde que no se encuentra a menudo en la joyería. Este verde pistacho, a veces oliva, a veces casi negro según el grosor de la piedra, con un brillo vítreo muy marcado, da a cada pieza un carácter bruto y mineral afirmado. La epidota es un silicato de calcio, aluminio y hierro que debe su color verde al hierro y a veces al cromo. Su nombre viene del griego epidosis que significa «aumento» o «crecimiento», en referencia a la base alargada de sus cristales prismáticos. Es una piedra que se encuentra en rocas metamórficas de todo el mundo, especialmente en Austria (los famosos cristales del Untersulzbachtal), Pakistán, Mozambique y México. También es el componente verde de la unakita, esa roca moteada de verde y rosa.
En la litoterapia, la epidota es una piedra de amplificación y toma de conciencia. Y es aquí donde hay que ser honestos: la epidota amplifica todo, tanto lo positivo como lo negativo. Es una piedra que no filtra, aumenta lo que ya está ahí. Si estás en un buen estado de ánimo, refuerza la gratitud, la abundancia y la alegría. Si tienes miedos o resentimientos no resueltos, también puede amplificarlos. Por eso se recomienda a las personas que ya han hecho un trabajo personal y que quieren acelerar su crecimiento personal. Trabaja en el chakra del corazón y ayuda a desarrollar la gratitud, a ver la abundancia donde antes se veía la carencia y a salir de los patrones de victimización.
La epidota se asocia bien con el cuarzo rosa (para suavizar su amplificación), la amatista (sabiduría y canalización) o el cristal de roca (amplificación consciente). Para el mantenimiento, basta con un enjuague con agua clara y una recarga a la luz lunar o en la tierra. Con una dureza de 6 a 7 en la escala de Mohs, es una piedra resistente al uso diario.