Las joyas de jade encierran milenios de historia. Ninguna piedra ha sido tan venerada en Asia como el jade: en China, se le considera desde hace más de 5.000 años la piedra imperial, símbolo de sabiduría, pureza e inmortalidad. Los emperadores eran enterrados con armaduras de jade, los letrados lo meditaban entre sus dedos y, aún hoy, una joya de jade se transmite de generación en generación en muchas familias asiáticas. Lo que se denomina "jade" agrupa en realidad dos minerales distintos: la nefrita (más común, verde suave y opaca) y la jadeíta (más rara, más translúcida, colores más variados). Ambos son jade auténtico.
En litoterapia, el jade es una piedra de armonía, sabiduría y prosperidad. Trabaja principalmente sobre el chakra del corazón y aporta un equilibrio suave entre el cuerpo y la mente. Es una piedra que calma sin adormecer, que da fuerza sin brusquedad. Se recomienda para favorecer la toma de decisiones justas, atraer la abundancia y cultivar la serenidad interior en el día a día. El jade verde también es reconocido por sus beneficios en los riñones y el sistema urinario en la tradición china, de ahí su antiguo nombre de "piedra de los riñones" (lapis nephriticus).
El jade combina bien con el cuarzo rosa (apertura del corazón), la amatista (apaciguamiento espiritual) o el citrino (abundancia y optimismo). Para el mantenimiento, basta con un enjuague con agua clara y una recarga a la luz lunar o al sol suave una o dos veces al mes. El jade es una piedra muy resistente con una dureza de 6 a 7 en la escala de Mohs y, sobre todo, una tenacidad excepcional, es una de las piedras más difíciles de romper.