Las joyas de obsidiana dorada tienen un magnetismo particular. Este negro profundo atravesado por reflejos dorados y brillantes le da a cada perla o cabujón un brillo cálido y misterioso que no se encuentra en ninguna otra piedra. La obsidiana dorada es, como su prima negra, un vidrio volcánico formado por el enfriamiento ultrarrápido de la lava. Sus reflejos dorados provienen de diminutas burbujas de gas atrapadas durante el enfriamiento, que crean inclusiones brillantes bajo la superficie. Es la naturaleza en su estado más espectacular: una catástrofe volcánica que produce una joya.
En litoterapia, la obsidiana dorada comparte las propiedades protectoras de la obsidiana negra, pero con un enfoque más luminoso y suave. Donde la obsidiana negra confronta sin rodeos las zonas oscuras, la obsidiana dorada ilumina las partes sombrías con benevolencia. Trabaja en el chakra del plexo solar y el chakra raíz, combinando protección y confianza en uno mismo. Es una piedra que ayuda a recuperar el poder personal, a liberarse de patrones de víctima o autosabotaje y a avanzar con lucidez y determinación. Se recomienda a personas que necesitan protegerse manteniendo una energía solar y positiva.
La obsidiana dorada combina bien con el ojo de tigre (confianza reforzada), el citrino (optimismo y abundancia) o el cristal de roca (amplificación). El dúo de obsidiana dorada y cuarzo rosa también es muy interesante para equilibrar la protección solar y la dulzura del corazón. Para el mantenimiento, basta con enjuagarla con agua clara y recargarla con luz lunar o sol suave. Con una dureza de 5 a 5,5 en la escala de Mohs, la obsidiana dorada es un vidrio natural que se raya más fácilmente que el cuarzo, evite los golpes directos y guárdela por separado.