La pulsera de esmeralda es una joya excepcional para la muñeca. Este verde profundo y luminoso, a veces translúcido, a veces más opaco según la calidad de las perlas, posee una nobleza inmediata que eleva cualquier atuendo. La esmeralda es un berilo coloreado por el cromo, de la misma familia que el aguamarina y la morganita, pero es ella quien ostenta el título de reina de las piedras verdes desde hace milenios. Los Incas la consideraban sagrada y se negaron a venderla a los conquistadores, prefiriendo ocultar sus yacimientos. Hoy en día, las esmeraldas más bellas provienen de Colombia (minas de Muzo y Chivor), Zambia y Brasil.
En litoterapia, la pulsera de esmeralda en la muñeca difunde continuamente una energía de amor profundo, regeneración y sabiduría del corazón. La esmeralda trabaja sobre el chakra del corazón con una potencia y profundidad que pocas piedras verdes alcanzan. Es una piedra que no se limita a calmar como el cuarzo rosa, sino que abre el corazón a un amor lúcido y maduro. Se recomienda a personas que desean profundizar sus relaciones, que buscan la verdad en sus sentimientos o que necesitan regenerarse después de un período de agotamiento. La esmeralda combina maravillosamente con el cuarzo rosa (dulzura y ternura), la amatista (sabiduría espiritual) o el cristal de roca (amplificación). Para el mantenimiento, basta con un enjuague con agua tibia limpia y una recarga con luz lunar. Evite golpes, ultrasonidos y variaciones de temperatura. Retire su pulsera antes de ducharse y hacer deporte. A pesar de una dureza de 7.5 a 8 en la escala de Mohs, sus inclusiones naturales la hacen sensible a los impactos.