El collar de obsidiana negra es una joya que no finge. Este negro absoluto, brillante y vítreo, llevado en el hueco del cuello, irradia una presencia intensa e inquebrantable. La obsidiana negra es un vidrio volcánico nacido del enfriamiento ultrarrápido de la lava, y este origen de fuego se siente en la energía de la piedra. Los sacerdotes aztecas utilizaban espejos de obsidiana para la adivinación, los chamanes mesoamericanos la tallaban en cuchillas para los rituales de purificación, y los pueblos de Anatolia hacían con ella las herramientas más afiladas y eficaces de la prehistoria. Llevar un collar de obsidiana negra es llevar una piedra que nunca se ha asociado con la mediocridad.
En la litoterapia, el collar de obsidiana negra en el cuello es un escudo de protección radical. La obsidiana no solo protege, sino que devuelve las energías negativas a su origen y actúa como un espejo que confronta a su portador con sus propias sombras. Llevada como collar, actúa sobre el chakra raíz mientras permanece cerca de los chakras superiores, creando un anclaje poderoso que protege todo el campo energético. Es una piedra que se recomienda a las personas dispuestas a realizar un verdadero trabajo personal, no a quienes buscan simplemente dulzura. La obsidiana negra combina bien con el cuarzo rosa (para suavizar su energía cortante), la turmalina negra (doble protección) o el cristal de roca (claridad y amplificación). Para su mantenimiento, un enjuague con agua clara y una recarga a la luz de la luna son suficientes. Con una dureza de 5 a 5,5 en la escala de Mohs, evite los golpes directos y guarde su collar por separado de las piedras más duras.