El collar de rubí es una joya que ha encarnado la pasión durante milenios. Este rojo intenso y vibrante, llevado en el hueco del cuello, tiene una presencia que pocas piedras pueden igualar. Los maharajás indios consideraban el rubí la más preciosa de todas las gemas, muy por encima del diamante. Los guerreros birmanos lo insertaban en su carne antes del combate para volverse invencibles. Y en la tradición hindú, el rubí se llama ratnaraj, el rey de las piedras preciosas. Llevado en collar, el rubí se encuentra entre el chakra del corazón y el chakra de la garganta, una ubicación que le permite trabajar simultáneamente la pasión del corazón y la expresión de esa pasión.
En litoterapia, el collar de rubí es conocido por sus propiedades de vitalidad, coraje y pasión. Es una piedra que reaviva la llama interior, que devuelve la energía cuando uno se siente apagado y que impulsa a vivir plenamente. Se recomienda en períodos de fatiga profunda, falta de motivación o cuando la vida sentimental necesita un nuevo soplo. El rubí no se anda con medias tintas: es una piedra de fuego que calienta, dinamiza, enciende. El rubí combina bien con el granate (vitalidad reforzada), la amatista (canalización de la energía del fuego) o el cristal de roca (amplificación). Para el mantenimiento, el rubí es una piedra extremadamente fácil de usar con una dureza de 9 en la escala de Mohs. Un enjuague con agua limpia y una recarga al sol o a la luz lunar son suficientes.