El collar de tanzanita es una joya excepcional que se lleva en el cuello. Su profundo color azul-violeta, que cambia según la luz y el ángulo de visión gracias al tricrosismo, confiere a cada colgante o cuenta una vida propia. Azul bajo una luz, violeta bajo otra, a veces burdeos con luz artificial: la tanzanita nunca muestra la misma cara dos veces. Esta magia óptica la hizo famosa desde su descubrimiento en 1967 al pie del Kilimanjaro, cuando Tiffany & Co. la vio como una gema capaz de rivalizar con el zafiro. Llevada como collar, la tanzanita se encuentra cerca del chakra de la garganta y del chakra del tercer ojo, una ubicación ideal para esta piedra que trabaja precisamente en estos dos centros.
En la gemoterapia, el collar de tanzanita es conocido por sus propiedades de despertar espiritual, transformación interior e intuición profunda. Llevada en el cuello, ayuda a acceder a niveles de conciencia más elevados, a comprender el significado profundo de las experiencias vitales y a expresarse desde un lugar de verdad interior. Es una piedra de madurez espiritual que se recomienda a las personas que meditan regularmente o que están pasando por una transformación vital importante. La tanzanita combina maravillosamente con la amatista (espiritualidad y calma), la labradorita (protección intuitiva) o el cristal de roca (amplificación). Para el mantenimiento, limpie su collar con agua tibia y recárguelo con luz lunar. Evite la exposición directa prolongada al sol y los choques térmicos. Con una dureza de 6 a 7 en la escala de Mohs, se puede usar a diario con un mínimo de atención.