El collar de turmalina negra es el escudo protector más utilizado en litoterapia. Este negro profundo, mate y estriado con líneas verticales características, llevado en el hueco del cuello, cubre un amplio campo energético y protege todos los chakras superiores. Esto es lo que hace que el collar sea particularmente eficaz en comparación con el brazalete: al estar posicionado en el centro del cuerpo, actúa sobre un área más extensa. La turmalina negra, también llamada chorlo, es un borosilicato de hierro que posee propiedades piroeléctricas y piezoeléctricas reales, lo que significa que interactúa físicamente con los campos eléctricos. Es esta particularidad la que fascinó a los físicos holandeses desde el siglo XVIII y que fundamenta su reputación como piedra anti-ondas en litoterapia.
En litoterapia, el collar de turmalina negra es conocido por ser un absorbedor suave pero constante de energías negativas. A diferencia de la obsidiana negra, que devuelve las energías y confronta, la turmalina negra las absorbe y neutraliza sin turbulencias. Es una protección pasiva y silenciosa que es adecuada para todos, incluidas las personas sensibles y los principiantes. En el cuello, protege tanto de las energías de los demás como de las ondas electromagnéticas, según la tradición. Se recomienda para cuidadores, maestros, terapeutas y cualquier persona expuesta a entornos cargados. La turmalina negra combina muy bien con la labradorita (doble protección), la amatista (protección y calma) o el cristal de roca (purificación y amplificación). Para su mantenimiento, un enjuague con agua limpia y una recarga a la luz lunar o sobre un grupo de cuarzo son suficientes. Con una dureza de 7 a 7,5 en la escala de Mohs, es una piedra sólida y resistente para el uso diario.