El collar de aragonito es una joya de tierra y calor que se lleva en el cuello. Sus tonalidades miel, anaranjadas y marrones, suaves y naturales, aportan un toque cálido y reconfortante que ilumina inmediatamente la tez. El aragonito es un carbonato de calcio, químicamente idéntico a la calcita, pero con una estructura cristalina diferente que le confiere propiedades únicas. Su nombre proviene de la región de Aragón en España, donde fue descrito por primera vez en el siglo XVIII. Es también el mineral que compone el nácar de las conchas y el esqueleto de los corales, un vínculo directo entre la tierra y el mar.
En la litoterapia, el collar de aragonito es reconocido por sus propiedades de enraizamiento profundo, paciencia y estabilidad emocional. Al llevarlo en el cuello, se encuentra cerca del chakra del corazón y difunde una energía terrenal y reconfortante por toda la parte superior del cuerpo. Es una piedra que ayuda a reducir la velocidad, a reconectarse con los ritmos naturales y a recuperar una sensación de solidez interior. Se recomienda a personas con exceso de trabajo, dispersas, desconectadas de su cuerpo o que viven demasiado en su mente. La tradición también le atribuye propiedades de calentamiento físico y alivio de las tensiones musculares. El collar de aragonito combina bien con el jaspe rojo (enraizamiento reforzado), el cuarzo rosa (dulzura y calma) o el cristal de roca (amplificación). Para el mantenimiento, tenga en cuenta que el aragonito es blando con una dureza de 3,5 a 4 en la escala de Mohs. Evite la sal, los golpes y los ácidos. Limpie su collar con un paño suave ligeramente húmedo y recárguelo bajo el sol suave o sobre un cúmulo de cuarzo. La tierra es también un excelente método de recarga para esta piedra telúrica.