El collar de crisocola es una joya con los colores de la tierra vista desde el cielo. Este azul-verde profundo, mezclado con turquesa, marrón terroso y, a veces, toques de malaquita o azurita, confiere a cada colgante o cuenta un motivo único, como un paisaje en miniatura que se lleva alrededor del cuello. Ninguna crisocola se parece a otra, y es esta mezcla de colores naturales lo que hace que cada collar sea verdaderamente irremplazable. La crisocola es un silicato de cobre cuyo nombre proviene del griego chrysos (oro) y kolla (pegamento), ya que los orfebres antiguos la utilizaban para soldar el oro. Cleopatra la llevaba en su collar durante sus negociaciones diplomáticas, convencida de que favorecía la paz y el diálogo. Llevada alrededor del cuello, la crisocola se sitúa naturalmente entre el chakra de la garganta y el chakra del corazón, los dos centros sobre los que actúa.
En la litoterapia, el collar de crisocola es conocido por sus propiedades de comunicación suave, liberación emocional y expresión femenina. Alrededor del cuello, crea un vínculo fluido entre lo que se siente (corazón) y lo que se expresa (garganta). Es una piedra que ayuda a verbalizar las emociones con precisión, a comunicarse sin agresividad y a liberar lo que se ha callado durante demasiado tiempo. Se recomienda a las personas que reprimen sus emociones, que no pueden expresar lo que sienten o que buscan comunicarse con más empatía. También es una piedra muy ligada a la energía femenina, apodada la «piedra de las mujeres sabias». La crisocola combina maravillosamente con la turquesa (comunicación y protección), la amazonita (expresión sincera) o el cuarzo rosa (dulzura y apertura del corazón). Para su mantenimiento, precaución: la crisocola es blanda y porosa, con una dureza de 2 a 4 en la escala de Mohs. No la exponga a agua prolongada, sal ni productos químicos. Limpie su collar con un paño suave y seco o mediante fumigación con salvia blanca y recárguelo a la luz de la luna.