El collar de granate es una joya de discreta intensidad. Este rojo oscuro, profundo, a veces tan denso que vira hacia el burdeos o el negro bajo ciertas luces, tiene una presencia cálida y envolvente en el cuello. Es un rojo diferente al del rubí: menos flamboyante, más terrosa, más íntima. El granate toma su nombre del latín *granatum* (granada), y cuando se ve un collar de perlas de granate, el parecido con las semillas de la fruta es sorprendente. Los vikingos cosían granates en sus velas para orientarse en el mar, los cruzados lo llevaban como talismán de protección y los joyeros de Bohemia hicieron de él una especialidad en el siglo XVIII con los célebres collares de granate piropo de Praga.
En litoterapia, el collar de granate llevado alrededor del cuello crea un puente entre el chakra del corazón y el chakra raíz, los dos centros sobre los que esta piedra trabaja mejor. El granate es una piedra de energía vital, pasión y regeneración. Reaviva la fuerza vital cuando se apaga, calienta el cuerpo y el espíritu y devuelve el valor para avanzar. Se recomienda en periodos de agotamiento, convalecencia o cuando la llama interior necesita ser reencendida. El granate combina bien con el rubí (pasión intensificada), la cornalina (creatividad y alegría) o la amatista (canalización de la energía del fuego). Para su mantenimiento, un enjuague con agua limpia y una recarga al sol o sobre un cúmulo de cuarzo son suficientes. Con una dureza de 6,5 a 7,5 en la escala de Mohs según la variedad, es una piedra sólida para el uso diario.