El collar de heliodoro es una joya solar en el hueco del cuello. Este amarillo dorado, transparente y luminoso, capta la luz con un brillo cálido que evoca un rayo de sol aprisionado en el cristal. Es la versión solar de la familia de los berilos, la que lleva el nombre más poético de toda la gemología: del griego helios (sol) y doron (don), el «don del sol». El heliodoro tiene la misma nobleza cristalina que la esmeralda y la aguamarina, con ese color dorado que le confiere el hierro y que lo convierte en una joya de luz. Los griegos creían que contenía el calor del sol y lo llevaban para protegerse durante los viajes. Llevado en un collar, el heliodoro se encuentra cerca del chakra del plexo solar y del chakra del corazón, una ubicación ideal para una piedra que trabaja la confianza y el resplandor personal.
En litoterapia, el collar de heliodoro es conocido por sus propiedades de confianza, voluntad y resplandor solar. Es una piedra que ayuda a ocupar el lugar de uno con seguridad, a afirmar las elecciones con determinación y a irradiar naturalmente sin forzar. Alrededor del cuello, difunde esta energía solar durante todo el día, calentando desde el interior e iluminando la presencia. Se recomienda a personas que carecen de confianza, que tienen dificultades para afirmarse o que necesitan recuperar su luz interior después de un período oscuro. También es una piedra de intelecto y claridad mental, apreciada por estudiantes e investigadores por su capacidad para estimular la concentración y el análisis. El heliodoro se asocia magníficamente con la citrina (optimismo y abundancia), la piedra solar (alegría y vitalidad), la amatista (sabiduría y canalización) o el cristal de roca (amplificación). Para su mantenimiento, un enjuague con agua limpia y una recarga al sol o a la luz lunar son suficientes. El heliodoro es una de las pocas piedras que se nutre tanto del sol como de la luna. Con una dureza de 7,5 a 8 en la escala de Mohs, es una piedra excepcionalmente resistente y perfecta para el uso diario.