El collar de turmalina verde es una joya de naturaleza viva en el hueco del cuello. Este verde intenso, luminoso y profundo, tiene una viveza que evoca el bosque en pleno verano, la savia que sube, la vida que crece. Es un verde más vibrante que el de la aventurina, más luminoso que el del jade, más vivo que el de la malaquita. La turmalina verde, también llamada verdelita, es una piedra de conocedores que rivaliza con la esmeralda en belleza y la supera en resistencia. Sus propiedades piroeléctricas y piezoeléctricas son hechos físicos medibles, los mismos que su prima la turmalina negra, y es esta interacción con los campos eléctricos lo que fundamenta sus propiedades en la gemoterapia. Llevada como collar, se encuentra naturalmente a la altura del chakra del corazón, exactamente donde mejor funciona.
En gemoterapia, el collar de turmalina verde es conocido por sus propiedades de vitalidad, regeneración y crecimiento. Es una piedra que revitaliza el corazón, no solo en el sentido emocional sino también en el sentido físico según la tradición. Devuelve la energía de vivir, renueva la vitalidad agotada y reconecta con esa fuerza de crecimiento que la naturaleza lleva en sí misma. En el cuello, difunde esta energía de primavera permanente durante todo el día. Se recomienda en periodos de convalecencia, después de un agotamiento, en momentos de fatiga profunda o simplemente cuando la vida necesita ser revitalizada. La tradición también le atribuye propiedades favorables al sistema inmunitario y a la desintoxicación. La turmalina verde combina magníficamente con el cuarzo rosa (regeneración y dulzura), la aventurina verde (suerte y crecimiento), la esmeralda (amor y sabiduría del corazón) o el cristal de roca (amplificación). Para el mantenimiento, un enjuague con agua clara y una recarga a la luz lunar o al sol suave son suficientes. Con una dureza de 7 a 7,5 en la escala de Mohs, es una piedra muy resistente y perfecta para el uso diario.