La azurita en bruto es un espectáculo mineral en sí misma. Ese azul cobalto intenso, a veces casi eléctrico, en cristales tabulares o prismáticos de una profundidad de color asombrosa, a menudo todavía incrustados en su roca madre gris o marrón. El contraste entre el azul real de la azurita y la ganga mineral es espectacular, como una ventana abierta a un cielo de tinta en medio de la roca. Este es el pigmento que los pintores del Renacimiento molían para crear sus azules más preciados, y cuando uno sostiene un trozo de azurita en bruto en la mano, entiende por qué este azul los obsesionaba. Los especímenes más bellos provienen de Marruecos (Touissit), Namibia (Tsumeb), México y Arizona.
En litoterapia, la azurita en bruto es considerada la forma más poderosa de esta piedra de visión. Se cree que la estructura cristalina intacta difunde una energía de intuición profunda, clarividencia y expansión de la conciencia de forma más directa que la versión pulida. Colocada en un espacio de meditación, eleva inmediatamente la vibración de la habitación y facilita el acceso a estados de percepción expandida. En un escritorio, agudiza el discernimiento y ayuda a ver las situaciones desde ángulos que no se habían considerado. Sostenida en la mano o colocada en la frente a la altura del tercer ojo, abre los canales de intuición con una potencia notable. Las piezas de azurita-malaquita en bruto, donde el azul y el verde coexisten naturalmente, son especialmente buscadas por su doble energía de intuición y transformación.
Para su cuidado, la azurita en bruto es delicada. No agua, no sal, no productos químicos. El cobre que contiene se oxida al contacto con la humedad y puede alterar la superficie. Límpiela con un paño suave y seco si es necesario y recárguela con luz lunar. Guárdela en un lugar seco y alejado de la humedad prolongada para preservar su azul intenso. Con una dureza de 3,5 a 4 en la escala de Mohs, manéjela con delicadeza.