La turmalina verde en bruto es un cristal de una viveza sorprendente en su estado natural. En su forma bruta, se presenta en varas prismáticas estriadas verticalmente, de un verde intenso que varía del verde bosque profundo al verde prado luminoso, a veces translúcido, a veces opaco. Las estriaciones verticales características de las turmalinas añaden carácter al cristal, y cuando la luz atraviesa una vara de turmalina verde translúcida, el resultado es un espectáculo de luz verde de una belleza natural. Es la misma piedra que los brasileños llaman esmeralda brasileira (esmeralda brasileña) en los yacimientos de Minas Gerais. Los especímenes más bellos proceden de Brasil, Afganistán, Madagascar y Mozambique.
En litoterapia, la turmalina verde en bruto se considera la forma más potente de esta piedra de vitalidad. La estructura cristalina intacta, con sus propiedades piroeléctricas y piezoeléctricas reales, difundiría una energía de regeneración profunda, vitalidad y renovación más directa que la versión pulida. Colocada en un salón, irradia una energía de naturaleza viva que revitaliza todo el espacio. En un escritorio, aporta el dinamismo y el impulso necesarios para avanzar en los proyectos. Sostenida en la mano durante una meditación, abre el chakra del corazón con una energía de savia ascendente que regenera el cuerpo y la mente en profundidad. Es una piedra de renacimiento: acompaña a quienes salen del invierno, tanto literal como figuradamente. Cerca de las plantas, la tradición le atribuye la capacidad de favorecer el crecimiento vegetal, como si su energía vital se transmitiera al mundo vegetal.
Para el mantenimiento, un enjuague con agua clara y una recarga a la luz lunar o al sol suave son suficientes. Con una dureza de 7 a 7,5 en la escala de Mohs, la turmalina verde en bruto se manipula sin precauciones particulares. Sus varas prismáticas son sólidas y resistentes.