La unakita en bruto es un trozo de tierra que cuenta la historia de la armonía. Esta mezcla natural de verde oliva, rosa salmón y cuarzo translúcido da a cada trozo en bruto un mosaico de colores orgánico y vivo. En su forma bruta, los tres minerales que componen la unakita (epidota, feldespato, cuarzo) son aún más distintos y contrastados que después del pulido, lo que le confiere a la piedra un carácter terroso y auténtico muy seductor. Es una roca metamórfica nacida de la transformación del granito bajo el efecto del calor y la presión, un proceso de millones de años que ilustra perfectamente lo que la unakita representa en la litoterapia: la transformación progresiva y paciente. Su nombre proviene de las montañas Unaka en los Apalaches en Carolina del Norte, pero también se encuentra en Sudáfrica, Brasil, China y Australia.
En litoterapia, la unakita en bruto se considera la forma más directa de esta piedra de sanación progresiva. La estructura intacta, con sus tres minerales que coexisten en armonía, difundiría una energía de paciencia, integración emocional y crecimiento natural más intensa que la versión pulida. Colocada en una habitación, acompaña el trabajo de sanación emocional durante el sueño, ayudando a digerir las experiencias difíciles capa por capa. En el salón, aporta una atmósfera de paciencia y armonía que calma las impaciencias. Sostenida en la mano durante una meditación, abre el chakra del corazón con esta energía compuesta que combina crecimiento (verde), ternura (rosa) y amplificación (cuarzo). Es una piedra especialmente recomendada durante el embarazo, colocada en la mesita de noche o sostenida en la mano para acompañar el desarrollo armonioso del bebé.
Para el mantenimiento, un enjuague con agua clara y una recarga en la tierra o a la luz lunar son suficientes. La tierra es el modo de recarga más coherente para esta piedra nacida de la transformación del granito. Con una dureza de 6 a 7 en la escala de Mohs, la unakita en bruto se manipula sin precauciones particulares.