La pulsera de ametrino es una joya bicolor fascinante en la muñeca. Cada cuenta tiene sus propias zonas de violeta amatista y amarillo citrino, creando un degradado natural único que varía de una cuenta a otra. Algunas son más violetas, otras más amarillas, y otras muestran la transición entre los dos colores en la misma cuenta. Es una pulsera viva y cambiante que nunca te cansas de observar. El ametrino proviene esencialmente de la mina Anahí en Bolivia, el único yacimiento comercial del mundo, lo que la convierte en una piedra rara y aún más preciosa.
En litoterapia, la pulsera de ametrino en la muñeca difunde continuamente una energía de equilibrio, creatividad lúcida y armonía entre los opuestos. El ametrino trabaja simultáneamente en el chakra del tercer ojo (amatista: intuición y sabiduría) y el chakra del plexo solar (citrino: confianza y acción). Es la piedra que reconcilia lo que parece contradictorio: reflexionar y actuar, soñar y concretar, escuchar la intuición y confiar en la razón. En la muñeca, acompaña cada gesto con esta doble energía que ayuda a no elegir entre los dos, sino a fusionarlos. Se recomienda a personas indecisas que oscilan entre dos opciones, a creativos que quieren transformar sus ideas en realidad, a personas que viven un conflicto entre su vida interior y exterior y a quienes simplemente buscan el equilibrio. La pulsera de ametrino combina bien con el cristal de roca (amplificación del equilibrio), la piedra lunar (intuición y dulzura) o el cuarzo ahumado (ancaje y liberación). Para el mantenimiento, un enjuague con agua clara y una recarga con luz lunar son suficientes. Evite la exposición prolongada y directa al sol para preservar el violeta. Con una dureza de 7 en la escala de Mohs, es una pulsera sólida que soporta el día a día sin inmutarse.