La pulsera de tectita es una joya de origen cósmico en la muñeca. Su negro intenso, a veces texturizado con cráteres y estrías que atestiguan su paso por la atmósfera, confiere a cada cuenta una presencia cruda y poderosa. Es una joya que no se parece a ninguna otra piedra negra: no es un cristal, es un vidrio de impacto, nacido de la colisión entre un meteorito y la superficie de la tierra. Cada cuenta es un fragmento de esta violencia transformadora, un trozo de roca terrestre que ha sido fundido, proyectado al cielo y solidificado en vuelo.
En litoterapia, la pulsera de tectita en la muñeca difunde continuamente una energía de transformación radical, de ruptura con lo antiguo y de conexión cósmica. La tectita actúa sobre todos los chakras, pero con una intensidad particular en el chakra raíz y el chakra coronal, conectando la tierra con el cosmos en un solo flujo. En la muñeca, acompaña cada gesto con esta energía de cambio que no tolera el estancamiento. Es la pulsera para aquellos que necesitan un electrochoque, que sienten que su vida espera una mutación profunda y que están listos para soltar lo viejo para abrazar lo nuevo. Se recomienda en períodos de transición radical, para personas que se han estancado durante demasiado tiempo y para meditadores que buscan acceder a estados de conciencia expandidos. No es una pulsera de confort, es una pulsera de mutación. La pulsera de tectita combina bien con el cuarzo ahumado (enraizamiento y desapego durante la transformación), la obsidiana negra (protección intensa), la labradorita (protección e intuición) o el cristal de roca (amplificación). Para el mantenimiento, basta con enjuagar con agua limpia y recargarla con luz lunar o solar. Con una dureza de 5 a 6 en la escala de Mohs, quítate la pulsera antes de la ducha y el deporte.