El collar de cuarzo rutilado es una joya de espectacular belleza para lucir en el cuello. Un cristal de cuarzo transparente atravesado por agujas doradas, cobrizas o plateadas que dibujan una red de hilos de luz dentro de la piedra. Cada colgante o cuenta es un pequeño universo: las agujas de rutilo se cruzan, se superponen, irradian en forma de estrella o discurren en paralelo, creando un motivo único e irrepetible. Los romanos lo llamaban «cabellos de Venus», convencidos de que la diosa del amor había dejado sus cabellos dorados atrapados en el cristal. Los brasileños lo llaman cabelo de anjo (cabellos de ángel). Es una de las piedras más fotogénicas que existen, y en un collar, las agujas captan la luz con cada movimiento con un brillo vivo y cambiante.
En la litoterapia, el collar de cuarzo rutilado es conocido por sus propiedades de amplificación energética, claridad y dinamismo. El rutilo dentro del cuarzo actúa como un amplificador del amplificador: el cuarzo ya amplifica la energía, y las agujas de rutilo aceleran y dirigen esa energía como antenas. En el cuello, el cuarzo rutilado difunde una energía potente y luminosa que estimula la vitalidad, aclara las intenciones y acelera los procesos. Se recomienda a personas que se sienten bloqueadas y necesitan un impulso, a meditadores que desean profundizar en su práctica y a aquellos que buscan manifestar sus intenciones con mayor poder. La tradición también le atribuye propiedades antidepresivas y un fortalecimiento de la fuerza vital. El cuarzo rutilado se asocia bien con la citrina (optimismo y abundancia), el ojo de tigre (confianza y protección) o la amatista (canalización de energía). Para su mantenimiento, un enjuague con agua clara y una recarga al sol o a la luz lunar son suficientes. Con una dureza de 7 en la escala de Mohs, es una piedra sólida y resistente para el uso diario.