El collar de estromatolito es una joya que lleva la historia de la vida misma en la base del cuello. Esta mezcla de marrón, verde oliva, gris y beige organizada en estratos ondulados da a cada colgante o perla un patrón único que cuenta 3.500 millones de años de historia. No son simples bandas decorativas: cada capa fue depositada por colonias de cianobacterias, los primeros organismos vivos que produjeron oxígeno en la Tierra. Sin los estromatolitos, no habría una atmósfera respirable, ni vida animal, ni nosotros. Llevar un collar de estromatolito es llevar un fragmento del momento en que la Tierra se volvió habitable. Es la joya más antigua que existe, en el sentido literal.
En litoterapia, el collar de estromatolito es conocido por sus propiedades de anclaje profundo, conexión con los orígenes y paciencia ancestral. Llevado en el cuello, se encuentra entre el chakra de la garganta y el chakra del corazón, difundiendo una energía de sabiduría terrestre y perspectiva. Es una piedra que ayuda a tomar distancia de los problemas cotidianos, poniéndolos en una perspectiva de tiempo geológico. Cuando se lleva un fósil de 3.000 millones de años en el cuello, los problemas de la semana parecen de repente más relativos. Se recomienda a las personas que se pierden en la urgencia de la vida diaria, que carecen de perspectiva o que buscan una conexión profunda con los orígenes de la vida. La tradición también le atribuye propiedades de transformación progresiva, coherentes con su proceso de formación capa por capa. El estromatolito combina bien con el jaspe rojo (anclaje terrestre), el ámbar (conexión con el pasado orgánico) o el cristal de roca (amplificación). Para el mantenimiento, basta con un enjuague con agua clara y una recarga en la tierra o bajo el sol suave. Con una dureza de 6 a 7 en la escala de Mohs, es una piedra sólida y resistente para el uso diario.