La aguamarina en bruto es un cristal de una pureza asombrosa en su estado natural. En su forma bruta, se presenta en prismas hexagonales de un azul cielo transparente que capta la luz como agua congelada en el cristal. Los cristales de aguamarina pueden alcanzar tamaños impresionantes, a veces varias decenas de centímetros, con una transparencia y una pureza de azul notables. Es un berilo, de la misma familia que la esmeralda y la morganita, coloreado por el hierro. El nombre proviene del latín aqua marina (agua de mar), y al mirar a través de un cristal de aguamarina en bruto, se comprende por qué: es literalmente el color del océano congelado en el mineral. Los ejemplares más hermosos provienen de Brasil (Minas Gerais), Pakistán (valle de Skardu), Madagascar y Mozambique.
En gemoterapia, la aguamarina en bruto es considerada la forma más pura de esta piedra de serenidad. La estructura cristalina intacta difundiría una energía de claridad, de calma profunda y de comunicación límpida más directa que la versión pulida. Colocada sobre un escritorio, aclara los pensamientos y ayuda a comunicar con fluidez y acierto en el trabajo. En un dormitorio, apacigua la mente y favorece un sueño tranquilo y sueños lúcidos. Sostenida en la mano durante una meditación, abre el chakra de la garganta con una energía de agua clara que purifica las emociones turbulentas y devuelve a lo esencial. También es una piedra de coraje tranquilo: los marineros griegos y romanos la llevaban en sus barcos para afrontar las tormentas con serenidad. Sostener un cristal de aguamarina en bruto en la mano antes de un momento importante es reencontrar esa misma claridad y esa misma calma.
Para el mantenimiento, un enjuague con agua clara y una recarga a la luz lunar son suficientes. El agua es, además, el modo de limpieza más coherente para esta piedra nacida del mar. Con una dureza de 7,5 a 8 en la escala de Mohs, la aguamarina en bruto se manipula sin precauciones particulares.